1. Cueva de las Grajas
Hito paisajístico de gran potencia, la Cueva de Las Grajas se localiza en el flanco de poniente de la sierra que lleva su nombre. Se trata de un gran abrigo rocoso, con una cueva de pequeñas dimensiones que se abre en su parte central. Las paredes del abrigo, alguna de considerable altura, ofrecen numerosas oquedades y divertículos de variadas dimensiones que sirven de refugio a diversas especies de aves.
Sirvió de lugar de habitación a pequeños grupos humanos de neandertales que, durante el periodo Musteriense (en el Paleolítico Medio, hace más de 100.000 años), cazaron en la Hoya de Archidona.
Fue objeto de excavaciones arqueológicas en los años 70 del siglo XX, y declarada Bien de Interés Cultural en 1985.
A ella se asocia la leyenda del gobernador árabe de Archidona que, antes de rendir la fortaleza a los cristianos, decidió tirarse con su caballo por uno de los tajos que rodean la fortaleza, quedando los cascos del animal impresos en una roca.
Dentro de la cavidad se encuentran algunas de las vías de escalada libre más interesantes, por su dificultad, a nivel nacional.